Indumentaria de la Mujer El  Ceibo

 

Primera época: maquillaje; cabello; camisa; enaguas; corpiño; polleras; medias; zapatos; rebozo; pollera para cabalgar.

Segunda época:

1820/1850: paisanas modestas; estancieras; medias; zapatos; alpargatas.

1850/1870: falda; chaqueta; medias; zapatos.

Tercera época: pollera; camisa; chaqueta; rebozo; medias; calzado; largo de faldas; telas; enaguas.

Primera época

Sin otro maquillaje que un buen lavado con agua pura, con los cabellos trenzados en una o dos trenzas y éstas sueltas a la espalda o al frente o apretadas en rodetes o muy bien peinadas, siempre con raya al medio, en un moño, más o menos bajo, no llevaban otro adorno que una o dos peinetas o, con menos frecuencia, un peinetón y un par de sencillos zarcillos de plata o de oro en las orejas; a veces alguna cinta de color para ayudar a sujetar el pelo y, también a veces, una flor.

Como las mujeres de la ciudad, para concurrir al culto el vestido (generalmente pollera y gran rebozo, ambos de bayeta o aquella de una tela más liviana y éste de bayete) era totalmente negro, así como las medias y los zapatos.

La ropa habitual, de uso diario, era una hermosa camisa, de una tela de algodón fina, engomada (almidonada) y azulada, con bordados y puntillas, cuyo escote era redondo y fruncido (escote aldeano o bote) y prendido a la espalda con cintitas o botones, a veces con pasacintas, otras con un volado o fichú de la misma tela, siempre con bordados, muchas veces en colores contrastados, azul o negro, otras con escote cuadrado, con bordados y botones al frente. Esta camisa a veces tenía mangas, al codo o largas, en este caso con puños y puntillas o bordados en las mangas y puños. Llegaba de largo, hasta poco más abajo de la media pierna y se sujetaba a la cintura con un cinturón de tela rica o de lana tejida o aún de cuero fino, ablusándola un poco y, muchas veces en el trajín diario, refajándola para evitar se ensuciaran sus bordes (que también solían tener puntillas o bordados) con el polvo.

Debajo de esa camisa, de la cintura hacia abajo, llevaban una o dos enaguas de lienzo, a veces con los bordes con puntillas, también muy engomadas y azuladas, para darle brillo a su blancura.

A veces el busto se retenía, por encima de la camisa, con un apretador o corpiño, de crea, con cintas y botones. En estos casos, generalmente se ponía, sobre la camisa, una pollera de tela más gruesa o más fina, según la época del año y la ocasión (de bayeta, de indiana, de seda, de tripe, de cotonia) generalmente de un solo color vivo (excepto el negro, de rigor para la Iglesia), colorado, azul o verde, con uno o más galones (de oro, plata) en el borde o con bordados en ese tercio inferior. Esta pollera no sobrepasa tampoco, en su largo, la media pierna, dejando ver, muy frecuentemente, el borde de la camisa y enaguas. Era bastante ancha y bien fruncida en la cintura, sin pretina.

En ocasiones las mujeres maduras usaban medias generalmente de algodón, a veces de seda, habitualmente blancas y los zapatos, sin tacos o con tacos muy bajos y troncocónicos o carretel, eran de seda, satín u otra tela, a veces con bordados o pintados o de un cuero muy fino (tafiletes, charol). Tenían a veces también hebillas o una moña de seda o aplicaciones de mostacilla o alguna piedra de color.

Al vestido de todos los días se agregaba un rebozo, o a veces una chalina o ponchillo, en el primer caso de bayeta o de punto, con o sin bordados o galones, las chalinas o ponchitos de telar, con una o dos franjas y flecos. Siempre de colores vivos; azul, verde.

La pollera, generalmente para el caso de bayeta, era obligada sobre la camisa, para cabalgar y entonces la cabeza iba cubierta con un sombrero de hombre, chambergo o pajilla, con todo y barbijo, a veces sujeto con un gran pañuelo paramejor protegerse del sol y el polvo y, casi siempre, adornado con plumas, las más comunes de avestruz, a veces de pavo real.

Segunda época

Subperiodo 1820/1850

La manera de vestir a comienzos de este período casi no difiere de la primera época. Pueden señalarse dos clases de vestuarios:

Las paisanas modestas usaban camisa blanca sujeta a la cintura, de escote amplio o sencillamente cuadrado, casi sin mangas. A la que, cada vez más, se agrega una falda de tela liviana, muselina u otra semejante, de color vivo (rojo, verde, amarillo) con uno o dos galones de color en su borde inferior, larga hasta la media pierna,ancha y ceñida en la cintura. Se le agrega un ponchito o una manta o rebozo grande, de grosor variable según la época del año; puede ser tanto de algodón con puntillas en verano como abrigada lana cruda, tejida en invierno. Y un sombrero, para la intemperie, de pajilla en estación estival y de fieltro el resto del año. Calzado: ninguno.

Las estancieras y mujeres algo acomodadas, usaban sobre la camisa una falda ancha, de tela de algodón o de lana, de color liso, larga hasta la media pierna, también y una chaqueta de corte muy simple.El cuello redondo, del tipo "bebé", ceñida en el busto y cintura, con una faldeta corta a la cadera. Las mangas anchas arriba en el brazo, de las llamadas jamonas, con el antebrazo muy ceñido, hasta el puño, ensanchado con o sin puntilla en su borde, que también llevaba, a veces, el cuello y aún la pechera, donde se abotonaba con pequeños botones, a menudo en pares, generalmente forrados. Rara vez esta chaqueta era del mismo color y material de la pollera. Por lo común era una tela de mejor calidad y de un tono más oscuro o vivo. Podía ser una pana o terciopelo de lana, en la estación fría y una muselina lisa o estampada en verano. Siempre la manta para salir y el sombrero, que después de 1830, es muchas veces una galera de felpa, de tipo inglés. de las llamadas de 'chimenea". Usaban zapatos de cuero liviano o de raso, de punta redondeada, casi sin tacos y de atar con cordones o cintas hasta la media pierna.

Subperiodo 1850/1870

Se generalizó el uso de la falda sobre la camisa. Ésta se hace aún más amplia de vuelo y se alarga hasta el tobillo. A veces se adopta un zócalo de otra tela o un volado y aún hasta dos. En tiempo de calor se confeccionan de una tela de algodón liviano de color fuerte y, muchas veces, con las nuevas variedades llegadas de Europa, estampada y aún a rayas.

Se mantiene el uso de la chaqueta, amplia muchas veces y sobre todo entiempo de calor, se usa en su lugar una blusa. La chaqueta sigue teniendo el cuello redondo aunque, cuando es de tela liviana, como en verano, puede ser levantado y llevar volantes en la pechera. Continúa siendo ceñida al busto y cintura y la faldeta esbien larg, a las caderas. Las mangas pierden algo de su hinchazón en el brazo y siguen una línea más natural. A veces se llegan a la muñeca, siendo de largo tres cuartos. Cuando se usa blusa, ésta es de cuello redondo, abrochada al frente y, a veces, tiene volantes o puntillas. Muchas veces la chaqueta lleva un jabot de encajes.

El zapato de cuero fino, siempre, o de tela, con tacos bajos. Hacia el final del período empiezan a generalizarse de uso entre las mujeres, como entre los hombres, las alpargatas, de origen vascuense, hechas de loneta y con la suela de yute o cáñamo. Este calzado sufrido se convirtió, en pocos años, en una de las pilchas más típicas del medio rural, de uso universal, sufrida y humilde.

Se difunden cada vez más el uso de medias. Generalmente de algodón, y, poco a poco - sobre todo entre los más pudientes - las de seda venidas de París.

Tercera época

La pollera femenina se alarga hasta el pie, sin dejar de ser ancha, qunque esto ocurre, fundamentalmente para festejos o para cabalgar o aún para "dentro de casa". La mujer que habita el rancho en medio del campo, no la deja bajar del tobillo, para evitar se le ensucie, se le prendan abrojos, etc.

La camisa, arriba, es cubierta por una blusa, generalmente de tela muy liviana, con adornos en el frente o pechera. (lacitos, tablas, bordados) y mangas largas, por lo común casi ceñidas al brazo.

Sobre la blusa, la chaqueta, con o sin faldeta completa, a veces acuchillada, también solía tener ciertos adornos en la pechera y hasta jabots y, muchas veces, en las más acomodadas o para el paseo, religiosa, que terminaba en ocasiones, siendo una capita o esclavina.

Siempre el chal o rebozo en invierno y, para cabalgar, el sombrero de pajilla o de fieltro o la galera.

Cada vez se usan más las medias - de algodón o aún de seda - para lucirse.

El calzado con botitas de elástico o con botoncillos al costado y, entre casa, para el trabajo, o las menos pudientes, las alpargatas blancas y con bordados en la capellada.

Hacia fines del s.XIX la falda se angosta considerablemente y, en los vestidos más paquetes se hace más larga atrás, con un poco de cola. Se le ponen piezas superpuestas y se le da un corte (a veces con la ayuda de una almohadilla llamada polizón) que acentúa el perfil de los glúteos, buscando un algo "picante". Se tiende a afinar la cintura y hasta la campaña llegan los corsés y otros medios ortopédicos o supercherías de la moda creados en los centros más sofisticados del mundo occidental. Empiezan a usarse cada vez más los vestidos enterizos, sencillos, con anchos cinturones de tela y abrochados en la espalda.

En el peinado también hay cambios y el o los moños, el cabello levantado adelante y "bombé", van desterrando a las trenzas y pautando los gustos a la moda.

La calidad de las telas, los bordados, etc, dependerán de la situación económica de la usuaria. En la campaña las telas predilectas son los percales las zarazas y, en ocasiones, mezclas de seda estampada y hasta panas. Siempre de colores muy vivos; los colorados, celestes fuertes, amarillos, naranjas y verdes, están a la orden con las clásicas excepciones del vestido negro para la boda o el funeral; o el enteramente blanco para los bailes de "gran ocasión" y, cada vez más, como vestido de boda.

Siempre seguirán usándose varias enaguas. Y en los percales blancos, el azul, el almidón y el lustre, con las planchas de hierro, serán un lujo para las paisanas.

Hasta el maquillaje llega a la campaña y en los bailes la harina empalidece los rostros; el carmín para los labios y mejillas se obtiene mojando algún papel colorado, como el crepé. Un poco de hollín dramatiza ojeras y sombrea ojos.