El Yaraví

Existe incertidumbre en cuanto a su nombre; es muy posible que se refiera al canto de los poetas peruanos, cuyo nombre apelativo era Aravicus. Puede tratarse del triste. Ya lo mencionaba en periódico Mercurio Peruano, alrededor de 1790. Se ha recogido hasta hace algunos años, en las clases cultas y grupos medios de las provincias de Jujuy y Salta. Y hasta hace pocas décadas, pudo haberse conservado en la de Tucumán . Según la descripción que se hace en el periódico citado, su compás es una veces medido en el tiempo de tres por ocho, otras de tres por cuatro y algunas de seis por ocho, ocupando su lugar el aire andante, andantino, largo y moderado, se entonan a una voz, a dúo, o a trío.

El yaraví expresa la amargura y la desolación en un nivel que es difícil superar musicalmente. Es la creación única de un movimiento artístico americano superior, cuyas creaciones se exaltan en el s. XVIII y se intensifican poco antes de 1800, al calor del prerromanticismo europeo y americano. Asociado con la quena, se envuelve en una leyenda sombría y, engrandecido por el martirio del poeta yaraví patriota Mariano Melgar, alcanza enorme resonancia musical y literaria para decaer, luego, en parte absorbido por el triste, victorioso y expansivo, que ya se manifestaba desde antes de 1800

El antiguo yaraví parece haber prosperado en los ambientes aborígenes superiores del Perú, es decir, entre los descendientes de la nobleza incaica y entre los mestizos del campo y las ciudades.

Su poesía no se explica con una frase. Hay, en primer lugar, una corriente de estrofas con versos parisilábos, es decir, de igual número de sílabas todos; a élla pertenecen las más antiguas poesías del cancionero que se conocen. En segundo lugar, hay numerosas composiciones que tienen en una misma estrofa, versos desiguales, de distinta medida; hay yaravíes cuyas estrofas enteras son metros diferentes y éstos, aquéllos y los otros pueden presentarse con estribillos y con o sin estrofillas de metros diversos.

Con tal poesía, la melodía sólo puede ser regular o simétrica, si no hay prolongaciones expresivas cuando los versos son iguales y que encontraremos muy a menudo melodías integradas por frases o cláusulas de extensión distinta, en armonia con las exigencias de poesías estructuralmente desiguales. El yaraví pues, no tiene formas constantes pero tampoco goza de libertad absoluta. En todo caso obedece a los principios de una poética compleja pero no desenfrenada que habla de una canción con un carácter lento, amoroso, dramático, sin la cual no es un yaraví. Muchos pueden llamarse tristes y, en realidad, durante largasdécadas, estas canciones se han llamado yaravíes o tristes. En realidad la única diferencia perceptible es que el yaraví es más sintético y más dramático, más denso y más libre, muchas veces entre seudolidio y pentanónico y un vocabulario de giros menores casi exclusivo.