Las formas folklóricas americanas son muy variadas: desde
las precolombinas hasta las originadas en las danzas europeas - principalmente
de España - a partir del descubrimiento de América, llamadas mestizas
o criollas. Estas últimas evolucionaron y adquirieron la personalidad
propia necesaria para representar a los distintos pueblos americanos.
Los indígenas desconocían la pareja y también los instrumentos de cuerdas.
Después del descubrimiento surgieron las danzas de pareja, las de grupo
y también las de hombres solos, tales como el Malambo, el Solo
Inglés y el Zapateado.
En cada zona fue formándose un grupo de danzas propias, influidas por
el clima, la cultura y la raza de de los extranjeros y la conformación
del contexto social. Revisar hoy estos bailes - con formas coreográficas
tan diversas - es revivir la historia, las costumbres y los mitos de
cada uno de los pueblos americanos, unidos por lazos de idioma, cultura
y religión.
Argentina y sus formas coreográficasEl amor - el
espiritual y el profano - anima tanto a las danzas rituales como a las
de salón o de espectáculo. Se perciben en las coreografías la totalidad
de los matices del sentimiento, en una perfecta amalgama de espíritu,
sonido y expresión corporal.
En las coreografías de las danzas argentinas puede observarse la gran
influencia del medio y la transposición de las danzas extranjeras a
nacionales. Los primeros criollos fueron captando las danzas que los
españoles diseminaron durante la conquista, y les insertaron su propio
aporte. Con el transcurso del tiempo, se produjo no solamente la asimilación
sino también la transformación hacia una coreografía criolla sensible
a los ideales y caracteres locales.
En Argentina, a diferencia de la mayoría de los países americanos, cada
provincia tiene sus propias expresiones.
La Zamba es mayormente aceptada como la máxima expresión de la
nacionalidad. Otra coreografía interesante es la del Triunfo
- cuya música procede de España - relacionado con la décima y los estilos.
Diseminada por todo el país, canta a los triunfos de guerra. También
destaca la sencilla Chacarera, a la que Leopoldo Lugones adjudicó
un matiz - no imitación - beethoviano, con ritmo fuerte y viril, con
un encanto que surge de su propia rudez. La danza a la que se adjudica
vivencia en el brío, compostura en la vehemencia y gracia en el vigor,
es el Gato. La danza que representa la virilidad es el Malambo,
en la que el bailarín - solo - exhibe su destreza en el zapateo frente
a otros competidores que no pueden repetir las figuras ya realizadas
por otro. La Condición, de ceremonia y distinción, fue elevada
por Belgrano a rango de expresión histórica y tradicional. Otras danzas,
como El Escondido, La Firmeza, El Cielito, El Cuando,
La Huella y La Refalosa, (sin olvidar a las danzas grupales, como
La Media Caña, El Pericón y El Carnavalito) dan fe de la riqueza
coreográfica en Argentina.
Este tema
puede consultarse también - en este mismo site - en el trabajo
de Rafael Tobías: El Folklore y la moda en el Folklore...
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