Contenido de este trabajo
| Introducción: ¿Es renovable
el Folklore? |
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| Qué es Folklore |
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| Folklore y valor tradicionalista |
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| Las danzas folklóricas |
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| La música folklórica |
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| La coreografía de las danzas folklóricas |
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| La proyección folklórica |
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| Los instrumentos folkóricos |
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| El gaucho |
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| El gaucho y el paisano |
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| El gaucho y el baile |
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| La vestimenta original |
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| La ropa en los salones |
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| Con espuelas, sombrero o boleadoras...no
se bailaba |
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| La música popular argentina |
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| El folklore puro: imposibilidad de hacerlo |
ver>>> |
| El criollo |
ver>>> |
| Historia y Folklore |
ver>>> |
| Bibliografía |
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Desde hace tiempo, largo ya,
que se habla de: el folklore se tiene que actualizar,
no salen nuevas piezas folklóricas, etc. Estos
comentarios, avalados por muchísimos comunicadores
sociales y especialistas (sic), ya se han vuelto como una
especie de sabiduría popular, llevando a muchos
- por no decir casi todos- de los argentinos, a la creencia
de que el folklore es algo que debe ser renovado,
o que exige una renovación. Se pretende que, por
ser jóvenes los que hoy mayormente manifiestan públicamente
la pretensión de hacer folklore, el mismo tiene obligatoriamente
que ser actualizado (sic).
Es frecuente escuchar a periodistas -o comunicadores
sociales dedicados a ello - hablar de que el folklore
no se renueva ó debe renovarse, expresiones
que son comunes, incluso hasta en esos festivales folklóricos,
que miden su éxito o fracaso en función
de cuán moderno y actualizado es el folklore.
Hasta se ha escuchado decir cosas como folklore antiguo,
como si el folklore pudiera ser moderno. ¡Esto es
una antinomia!
Planteado en términos científicos es, sencillamente,
un absurdo.
Cuando se ha entrado en una exaltación de la moda
del folklore (?) nacional; cuando se habla constantemente
por los medios de comunicación, de una resurrección
del folklore, no queda otra que efectuar algunas reflexiones
sobre el particular, realizando un enfoque científico
del folklore en beneficio de la cultura.
La palabra folklore
deriva de una conjunción de palabras anglo-sajonas,
que significan: folk: gente, raza, pueblo, tribu,
nación; y lore: erudición, saber, enseñar,
lo que el pueblo sabe. Fue utilizada por primera vez por
Williams John Thoms el 22 de Agosto de 1846, en una publicación
de la revista Athenacum, resumiendo una definición
de todo aquello que involucre la cultura de los pueblos
y su indiosincrasia, a través de los tiempos. Dentro
de las definiciones, la más aceptada es: ciencia
que estudia la tradición en los pueblos (Saintyves)
. Cabe aclarar que, tanto por una cuestión de aceptación
universal, más que nacional, se acepta que se escriba
con k, pero es aceptado el escribirlo
con c.
Folklore, con mayúscula, es la referencia a la ciencia,
y con minúscula cuando
se emplea al material folklórico. En nuestro país
los estudios folklóricos se iniciaron a fines de
1800, cuando se transforma como ciencia necesaria para una
mejor comprensión del pueblo sobre sus tradiciones
e historia.
"Generalmente se la conceptúa como la ciencia
que trata de las manifestaciones o bienes culturales (costumbres,
vestidos, danzas, etc.) del pueblo, que en él han
arraigado y que han sobrevivido por varias generaciones
a la época cultural a que pertenecieron". (Manual
de Danzas Nativas, de P. Berruti)
Para que algo sea considerado folklórico,
según la ciencia y los científicos estudiosos
del tema, debe considerarse como tal tomando en cuenta tres
aspectos esenciales :
a) ser anónimo,
b) popular (nacido de gesta acontecimiento popular); y posteriormente,
c) ser tradicional, o sea, haber cumplido todo un ciclo
de adaptación y aceptación en la conciencia
cultural de ese pueblo.
Es así entonces que, al ser muy difícil establecer
como anónimo algo compuesto más acá
en los tiempos, por más antiguo que sea, pasa a ser
considerado no como folklore sino como
valor tradicionalista; del saber popular,
costumbrista, que sólo el paso del tiempo, (y dentro
de un futuro muy lejano) y sólo eso, sin deformaciones
de ninguna clase, lo podría transformar en folklore.
Pero tal motivo, no lo habilita con rigor científico
para ser Folklore, sino en saber popular, que no
es exactamente lo mismo.
Lo ignoto, lo que surge de leyendas o que tienen autores
pero que se perdieron en los tiempos, de tradición
oral, sin más pruebas que el saber que existe, que
se recopiló de muchísimas costumbres ancestrales
de las cuales no se tiene las referencias de quiénes
fueron sus autores, es lo que DEBE considerarse Folklore.
Tomemos por caso, toda la obra
prolífica de Don Andrés Chazarreta: la recopilación,
pero no su autoría, de muchas danzas folklóricas,
las que aún hoy son, y serán, anónimas
y populares. Tenemos así, danzas como el El Triunfo,
el Pala-Pala, el Sombrerito, los mismos orígenes
de la Chacarera y de la Zamba, etc. que surgieron
netamente por espontaneidad del pueblo, y no porque a alguien
se le ocurrió y la inventó, y si así
fuera se desconoce.
Como ejemplo, citamos la Zamba
de Vargas (música solamente), máximo exponente
de lo que la ciencia cataloga como (música) folklórica,
porque reúne las condiciones que se citaran, a saber:
es anónima (surge repentinamente - a la orden - de
los músicos en la batalla del Pozo de Vargas);
es popular (surge de una gesta histórica, dentro
del marco de las luchas fratricidas argentinas); y es tradicional,
porque quedó incorporada al pensamiento popular y
se mantuvo a través del tiempo.
El mismo caso se da con
las coreografías de las danzas folklóricas,
que por lo general reflejaban, y reflejan, un sentir de
gentes para manifestar inquietudes, necesidades, aspectos
costumbristas o de querer transmitir leyendas.
En concreto, en la mayoría de los casos, nacieron
como necesidad de expresión, que se hizo tradicional
y que por transmisión, como la oral, se muestra de
otra forma: bailando, utilizando el movimiento corporal
como manifestación del querer decir; como así
también, para satisfacer las necesidades de socialización.
De aquí surge el baile expresivo, que tiene indudablemente
una formación del lugar y tiempo en que se supone
nació (esto es lo telúrico), y no un aggiornamento
insólito de coreografías hechas por coreógrafos
(sic), que más hacen parecer a nuestras danzas como
si fueran españolas, húngaras o de cualquier
otro país, que de las distintas zonas de nuestro
país y zona de influencia.
El tiempo, y por acción de los hombres en particular
los que comercian a costa de la tradición, algunos
comunicadores (ignorantes o no), los profesionales formados
con esta idea, no sólo han desvirtuado estas premisas,
sino que han incentivado una expresión generalizada
de que el folklore se debe actualizar, ¡Como
si se pudiera actualizar! No es así: el folklore
no se puede actualizar, porque deja de ser folklore.
Así de simple. Que se la llame música popular,
de raíces folklóricas (.?), tradicionales,
etc., es válido, pero jamás: folklore.
Se ha llegado al extremo
de denominar a esas modernizaciones (sic), como proyección
folklórica, en el sentido de una actualización
(sic) del folklore. Craso error. La proyección
folklórica es (según Rodolfo Assunçao,
gran estudioso de la ciencia, en una conferencia en la Facultad
de Arquitectura, en los 70's), bien entendida, sacar
-proyectar- una pieza de su ambiente folk y trasladarla
a otro lugar. Ejemplo: una chacarera tradicional de
Santiago del Estero, tocada y cantada en San Luis. En la
ciencia del Folklore a eso se denomina proyección
folklórica.
Pero, bajo ningún punto de vista esto permite, ni
habilita a nadie, desvirtuar la pieza en sí misma
y se le hagan modificaciones instrumentales, coreográficas,
se le agreguen instrumentos no adecuados, etc.
En este último caso, se trata simplemente, de un
gusto particular que puede ser muy lindo, pero no es folklore.
¡Llamarlo folklore es una herejía científica!
(valga el término). Nadie impide que se diga lo que
se quiera, de lo que se hace ahora en nombre del folklore,
pero ¡No es folklore!
En el mismo sentido, se
encuentran los instrumentos utilizados. Un carnavalito,
una chaya, o cualquier otra pieza folklórica,
se formó y musicalizó con instrumentos muy
específicos. No se cree, ni se sabe a través
de las investigaciones realizadas por muchos estudiosos,
que los kollas hayan utilizado toda una serie de
instrumentos modernos (sic), los cuales, se vuelve a insistir,
pueden sonar muy lindo, pero al desvirtuarse el sentido
primigenio, no es folklore. Y, aunque pese a alguien, el
sentimiento que despierta una chaya que suena con
una simple caja en la puna, no suena igual que la misma
tocada con artefactos eléctricos, saxos, clarinetes
y batería.
No se puede negar la belleza de una chaya o una copla
norteña con sólo una simple caja, o de un
cielito surero, con guitarra. Y eso sería
folklórico, si reuniera todas las condiciones.
Pero: agregarle un saxo a una chaya, no sólo
es de mal gusto musical, sino que es un atentado a la ciencia
y a la cultura, porque en definitiva es el pueblo el
que cree que eso está bien, si no se le
enseña previamente, qué es folklore, salvo
claro está, que crea que es sólo moda o costumbres
de viejos.
Es bello escuchar, todavía ahora, en esos pueblos
perdidos de nuestra rica y exquisita geografía argentina,
que no están inficionados por modernismos,
a los paisanos cantar y tocar sus canciones con instrumentos
nativos.
Unicamente de esta forma, al escuchar un erke, violín
de una cuerda, una flauta de hueso, una quena, un siku,
un tambor de agua, un bombo legüero, un kultrun,
una flauta de pan, una tarka, una anata, un erke, etc.,
instrumentos que permiten expresarse a sus ejecutantes con
sus sonidos particularísimos, se puede entender medianamente,
qué quisieron dar a entender por sus autores ignotos.
Cuál era el sentir del pueblo. Qué quería
decir y qué expresaba ese ignoto hombre (sus alegrías,
penas, rigores, sentimientos religiosos, etc.)
Los instrumentos no siempre eran producto de la casualidad;
estaban fabricados en función de los medios para
resaltar lo que se quería demostrar, decir, manifestar,
etc.
Si se dio la incorporación y el uso ya tradicional
de guitarras y violines, de pianos y acordeones, simplemente
fue porque se aceptaron desde hace muchísimo tiempo
como costumbre -desde la colonia - y en algunos casos para
reemplazar a otros, como el acordeón, lo cual pasó
a ser tradicional, pero aún hoy, no se ponen de acuerdo
los estudiosos si se pueden considerar instrumentos folklóricos.
O sea: ¡Todavía no se han puesto de acuerdo
si a la guitarra de origen árabe-español se
la puede considerar instrumento folklórico!.
Sólo basta imaginarse que, si todavía no
hay acuerdo científico sobre esto último,
qué se puede pensar sobre la batería eléctrica,
la guitarra eléctrica, el charango eléctrico
japonés (?). ¿Si suena lindo? Puede ser. Es
agradable escuchar un ritmo de chacarera bien hecho con
una instrumentación de este tipo: pero, es sólo
eso: un ritmo (soportable en algunos casos) y no es folklore.
Y, sobre gustos no hay nada escrito, pero el mismo está
sujeto muy ligado a la educación y a la cultura.
Es un rasgo del espíritu que quiere reflejar fielmente
y valorar la ciencia y el arte, y no porque me lo dicen
los medios de comunicación, salvo que sea un
estudioso o experto del tema, cuestión que no se
observa mucho últimamente, y si alguno aparece algo
pasa, porque no dura mucho o lo borran por aburrido
(sic).
Ni qué decir, cuando se toma a una pieza (folklórica
o tradicional), y se la deforma con arreglos muy particularizados
por sobre la verdadera intención del autor (de mucho
uso esta costumbre hoy en día). Es muy feo escuchar
la Zamba de Vargas con estilo de vals vienés,
o como se escucha mucho últimamente, a un ritmo alocado
rockero (sic).
¿Si gusta? Sí, hasta puede ser linto. Pero,
aunque se insista, no es folklore.
En cuanto a la danza, específicamente, es bastante
lo que hay que decir. Pero, bien vale, antes de continuar,
hacer una reflexión sobre la palabra y el significado
de GAUCHO, porque es importante para tener una mayor
comprensión panorámica del tema.
Permanentemente se escucha decir
que el gaucho bailaba. Realmente no es bueno que
se trate tan livianamente esto, como si el gaucho fuera
el sinónimo de folklore, o de quién era la
esencia del folklore.
En primer lugar, el gaucho, nunca (o casi nunca) bailó.
El que bailó - y baila - es el PAISANO, que
es otro personaje, el cual, por costumbrismos, se lo identificó
con el gaucho, pudiendo ser aceptado por ciertas estructuras
antropológicas y costumbristas; pero cabe destacar
que, por principio no es lo correcto, lo que se puede estudiar
y profundizar, leyendo a cualquiera de los muchos autores
sobre el tema (poco leídos por cierto).
Según estudios realizados
por verdaderas autoridades de la ciencia del folklore, estudiosos
del fenómeno del gaucho, palabra cuya raíz
etimológica puede ser: gauche, palabra de
origen galo que significa: paria, y hay otros que dicen
que es derivada de guacho, que en quichua quiere
decir: paria, huérfano; se define como: dícese
de quiénes vivían una vida solitaria,
como techo el cielo, y que por lo general no tenía
familia. Que vivía como podía, muchas veces
matrereando. Otros creen que puede derivar del portugués,
cuestión que el autor no adscribe.
"...hoy se les designa, como a todo campero, como
a gauchos, cuando en realidad para nuestros antiguos habitantes
de la campaña tal término era un agravio,
ya que gaucho era el paisano huido o hecho matrero.....
". (Alfredo Vitón 2ª Ed. Fausto Molina
Campos)
Pero también, es ese mismo individuo que sirvió
tantas veces a su país (a veces compulsivamente,
como en las guerras civiles, cuando los ejércitos
realizaban levas), y son muchas las gestas que lo vieron
entregar su sangre, heroicamente. Pero por lo general, no
iba por propio gusto.
Es ese mismo gaucho que al decir de Domingo Faustino Sarmiento,
crueles palabras, en carta a Mitre: No trate de economizar
sangre de gaucho - le escribió - ; éste
es un abono que es preciso hacer útil al país.
La sangre es lo único que tienen de humano, porque
lo consideraba indigno de ser una persona y menos argentino.
Este no es el caso que se trata, pero es bueno tenerlo en
cuenta, porque identificaba el aspecto social del gaucho
y qué se pensaba de él.
El gaucho, por su propia
elección de vida, simplemente no tenía
con quién ni en dónde bailar, porque no
vivía en un centro urbano, en un medio social, requisitos
indispensables, para tener acceso a fiestas, bailes, familia,
etc. El genial José Hernández, en su Martín
Fierro dice: Nací y me crié en una
estancia, lo que lo erige instantáneamente en
paisano, porque nació y se crió en
un medio social como lo es una estancia, compartido con
muchas otras personas. Es por eso que Martín Fierro,
si se quiere, cumple tres etapas en su vida: paisano-gaucho-paisano
(O sea: cuando nace y vive, cuando se escapa, y vive con
los indios y matrereando, y cuando regresa al medio social).
"Generalmente los gauchos eran solteros, acostumbrados
a vivir sin casa y sin arraigo, montando veloces caballos,
sin carecer de alimento...( )...; vestidos con lo indispensable
para no estar desnudos, sin mas ley que su voluntad en medio
de las sombras de una pampa infinita,...( ) Iban formando
las reservas, los contingentes que más tarde obedecerían
la voz del caudillo, sin saber por qué ni para qué
luchaban....De repente, respondiendo a su instinto nómada,
a su deseo de libertad, ese hombre (el gaucho), típico
exponente de las pampas, ya no se "hallaba" en
el lugar; ya había permanecido a su entender bastante
tiempo en él y entonces se iba,.... (Vida,
época y obra de Manuel Belgrano - Ovidio Jiménez
)
Así es que, según el rigor que exige la ciencia,
no corresponde decir el gaucho que baila, sino el
paisano que baila.
"...un outlaw, un squatter, un misántropo..
Es un personaje misterioso; mora en la pampa;
son su albergue los cardales; vive de perdices y mulitas.(
) A veces se presenta en la
puerta de un baile campestre con una muchacha que ha robado;
entra en el baila con su
pareja, confúndese con las mudanzas del cielito y
desaparece sin que nadie se perciba de
ello" (Facundo - Domingo Faustino Sarmiento)
De esta confusión, surge la ligazón entre
gaucho y el baile folklórico. Y no es tan así:
se reitera, el que bailaba -y baila- es el paisano.
Con un mismo razonamiento, pretender
que la vestimenta que se usa actualmente haciendo creer
que es de un gaucho, no sólo no lo es, sino que al
existir fuentes habilitadas para un exacto estudio histórico,
debería resultar necesario por quienes bailan como
gauchos (?), conocer y estudiar. El paisano -y el gaucho
mucho menos- si bien es cierto usaba sus mejores ropas (que
eran bastante pobres por cierto) para bailar con una moza,
lejos estaba de ser parecida, tanto en su confección
como en los modelos, a las que se usan ahora y que alegremente
se dice como tal.
Pero, si alguna vez bailó el gaucho, imaginen ustedes
la comparación con las vestiduras
actuales.
Vestían poncho de lana teñida y chiripá,
muchas veces sin calzoncillos,
sostenido con una faja raída y flecuda de lana y
el facón en la espalda;
calzaban botas de piel de potro, hechos los talones del
corbejón, dejando salir los dedos para agarrar el
estribo, formado por un nudo de cuero; sombrero panza de
burro.
¡No se respeta ni el estilo de las vestimentas regionales!
Por caso -se ha visto -, bailar una cueca cuyana con ropa
kolla (?), y ¡Encima con boleadoras, y un conjunto
musical con bombo! (?). Cada quien puede disfrazarse
como
quiera, pero, como ya se dijera, decir que es folklórico,
gauchesco, tradicional, no es cierto. Y aquí el problema
está, no solo en saber qué es Folklore, sino
en que por moda no está bien tergiversar lo folklórico,
lo histórico. Olvidarse, alterar o distorsionar la
historia, nuestra idiosincrasia, a la larga se paga caro.
¿Y esto está mal? Sí; porque a la
gente, al pueblo, hay que enseñarle bien y no hacerle
creer que lo que se hace es folklórico.
Es increíble observar el zafarrancho que hacen muchos
bailarines folklóricos (sic) hoy en día, que
más parecen contorsionistas, cuando basta escuchar
las músicas folklóricas o de raíces
folklóricas, para darse cuenta de la cadencia de
las mismas, que requieren de movimientos pausados y dirigidos
con serenidad y galantería hacia la dama.
Asimismo -por caso- el
paisano consideraba a las espuelas como herramientas
para su trabajo habitual, y por lo tanto, para él
y para el medio social que lo rodeaba, resultaba una falta
de respeto entrar a una casa/rancho con ellas puestas;
se las quitaba y las colgaba fuera del recinto: en el alero
y lo mismo hacía con las boleadoras. Consecuentemente,
el paisano consideraba una falta de respeto bailar
con espuelas o boleadoras; simplemente porque ya se transformaba
en una ofensa hacia la dama y hacia los presentes
(solía haber más respeto social que muchas
veces ahora). Por eso, bailar con espuelas y boleadoras
es incorrecto, si se quiere denominarlo folklórico.
Y como correlato, así como un caballero se descubre
ante una dama, igualmente nunca el paisano bailaba con sombrero,
por iguales razones. El paisano, tenía y tiene aún
en especial en pueblos del interior, un gran arraigo por
la galantería.
Por supuesto, esto no quiere decir que no hubiese paisanos
que tenían un poder adquisitivo (como se dice ahora)
superior, o simplemente hombres paisanos que pertenecían
a ilustres familias ganaderas de la época o eran
paisanos de la ciudad. En ese caso, lógicamente,
utilizaban ropas de mejor calidad, pero siempre respetando
lo que resultaba conveniente para su uso, y no medido en
moda; ergo: la ropa de paisano estaba diseñada para
ser de utilidad para su vida cotidiana y no para bailar.
En el mismo sentido, y como ya dijimos, jamás se
le ocurriría bailar con sombrero puesto. Incluso,
hasta el día de hoy, señores de los de antes,
se descubren ante la dama (claro; cuando usan sombreros)
Sólo hay que imaginarse tal situación, para
darse cuenta que no puede ser; además, hasta el día
de hoy, los señores se descubren ante la dama (claro;
cuando usan sombreros). Sólo hay que imaginarse tal
situación, para darse cuenta que no puede decirse,
graciosamente, que esas vestimentas al mejor estilo oriental
que usan algunos bailarines folklóricos (sic), son
folklóricas o representan algo de lo nuestro.
Obviamente se puede decir que en
los grandes salones se utilizaba ropa de gala; así
es, en efecto. Pero en esos salones señoriales, se
bailaba otro tipo de danzas, más acordes que lo que
en la época se denominaba de alta sociedad.
Lo hicieron Belgrano y San Martín, entre gavotas,
shotis, valses, etc., que surgían de la influencia
de los salones europeos.
Pero, volviendo al paisano, muy lejos estaba de usar el
tipo de ropa que se usa ahora tratando de decir que son
bailes gauchescos (lo cual es doble el error).
Por lo general, el paisano surero, del centro del país
y gran parte del norte, usaba la bota 'e potro o la alpargata.
¿Botas lustrosas y encima con taquito alto?
Jamás, porque no las conoció. O porque no
estaban a su alcance. Además, debemos convenir que
ese tipo de calzado para nuestros criollos paisanos hubiera
sido de lo más incómodo. (¿Alguien
se puede imaginar a un paisano montando un redomón
con botas con taquitos altos?).
¿Se puede diferenciar danzas flamencas, húngaras
o árabes con pseudos bailes folklóricos (sic)
argentinos en la actualidad?
Una chacarera NUNCA fue bailada con esa vestimenta. Si
ahora se hace, y gusta, es aceptable, pero NO ES FOLKLORE.
(Después de todo, cada quien hace lo que quiere y
puede estar bien, pero lo que no se puede hacer es engañar)
En la ciudad de Tucumán, hace ya unos años,
se realizó un Festival de Folklore, en el que concursaban
delegaciones invitadas de cada provincia argentina (el suscripto
formó parte en una de ellas). Estaba organizada y
dirigida por un gran estudioso e historiador de nuestro
acerbo popular, como lo es Fray Salvador Tomás Santore,
op. Los requisitos para participar, eran: 1º) Que las
danzas a bailar fuesen folklóricas y de la zona de
la provincia que se representaba, permitiendo un 20% de
danzas relacionadas con zonas aledañas. 2º)
Que la vestimenta, fuera 100% de la usual en la zona y que
se relacionara con el baile según a qué sector
de la sociedad correspondía. 3º) Que la música
fuera interpretada por instrumentos usuales en la zona.
O sea que para participar en el festival de folklore,
había que estudiar folklore.
Un jurado de estudiosos de esta ciencia, tuvo a su cargo
constatar estos requisitos y dar su veredicto.
Cada delegación tuvo casi ¡Un año!
de estudio, búsqueda y confección de todos
los elementos necesarios. ¿Puede imaginarse lo que
esto significaba? Prácticamente ninguna provincia
cumplió con la totalidad de los requisitos; los jurados
fallaron por quien estuvo más cerca de lograrlo y
que demostraron un mejor espectáculo telúrico.
Incluso, no había escenografía y con
luces blancas sobre el escenario de la Caja de Ahorro de
la Provincia de Tucumán ¿Es de imaginar esto
así ahora, lo aburrido que sería?
¿El Gato de dos giros es cordobés
o cuyano? ¿El Sombrerito es cordobés
o jujeño? ¿El Pala-Pala es de Santiago
del Estero, de Catamarca o tucumano? ¿Cuál
era la más usual vestimenta de cada zona? ¿El
catamarqueño usaba bota e'potro? ¿Y el santiagueño?
¿Y el paisano del sur de Buenos Aires? ¿Y
el tucumano, salteño, etc.? ¿Cómo era
el poncho salteño en épocas anteriores a Güemes?.
Realmente da pena escuchar que, alegremente, se diga que
algo es una danza folklórica hoy en día,
cuando no se sabe, verdaderamente, qué es lo que
se pretende hacer con la interpretación. Se ve a
pseudos folkloristas que por poco son directamente malabaristas
(¡?) ¡Si por lo menos se hiciera algo parecido!
¿Bailar con espuelas, con lanzas (!), con boleadoras
(!)?. Si se dice que es una versión libre ocurrida
por una idea de alguien en particular, es totalmente
aceptable; lo único que queda es que guste o no guste.
Pero decir que es folklore, eso no es aceptable bajo ningún
punto de vista.
Para obtener una comprobación, basta con asistir
a cualquier peña o festival folklórico (.?)
en el país, y ver lo que se hace en nombre del folklore.
Ni que hablar cuando de turismo se trata (Lo penoso es que
esto sale del país, en representación
de nuestro folklore).
Volviendo al principio, entonces: decir que lo que se hace
- mayormente en público y por los medios de comunicación
- es folklore es, cuando menos, un desconocimiento del folklore.
Se podría aceptar como música y danza popular
argentina, por cierto. Pero no es folklore.
Es inadmisible eso de que el folklore se tiene que modernizar;
avanzar con los tiempos. Esto, que es muy escuchado
y divulgado por los medios de comunicación en especial,
es imposible; así de fácil: IMPOSIBLE. Es
lo mismo que decir: la Historia se tiene que actualizar
(aunque como con el folklore, se falsea bastante).
Hay que reconocer que se hacen
cosas muy bellas y lindas, con reminiscencias folklóricas,
que dan mucho gusto para quien las escucha o las observa.
Se conviene en que no aceptarlo simplemente porque no es
folklore, sería de necios. No aceptar que grandes
de la música popular argentina, como Los Hermanos
Abalos, Los Chalchaleros, La Tropilla de Huachi Pampa,
etc, fueron -y son- referentes de la música tradicional
y popular argentina, sería ridículo, pero...,
si a éllos, con recursos limitados (como los que
tenía el paisano), haciendo cosas tradicionales argentinas,
los estudiosos no lo consideran bajo ningún punto
de vista como folklore simplemente porque no reúnen
las condiciones científicas necesarias, decir que
lo que se hace ahora, modificar lo modificado es
folklore, se trata, cuando menos, de un desconocimiento
supino.
Ahora bien; si esto eleva aplausos, exaltaciones populares,está
muy bien. Que gustan más las baterías y guitarras
eléctricas que los instrumentos originales, es sólo
una cuestión de gusto, lo que es totalmente válido.
Igualmente, pretender que se
haga folklore puro, también sería algo
ilógico. Eso está reservado para quienes
tienen la pasión del estudio, y a nuestro juicio,
sería algo aburrido, por supuesto. Pero, ya
que no se puede hacer folklore puro, al menos tratemos
de respetar lo máximo posible nuestro acerbo popular.
Degenerarlo, y llamarlo folklore, es una aberración.
Bajo ningún punto de vista se pretende anatematizar
a la música popular actual; por supuesto que no;
sería ridículo, más allá del
gusto en particular. Pero, decir que es folklore, eso es
engañar a la gente, y mucho menos se contribuye a
enseñar.
Muy bueno sería que especialistas en el tema (que
no son los que saben de autores, títulos, discos,
ventas, festivales), aquellos que efectivamente sepan, enseñen
esto en muchos lugares habilitados, como: escuelas, instituciones
culturales; a través de programas de folklore
en emisoras radiales y de TV.; Hasta ¡En festivales
pseudo folklóricos!
Hacer que la gente conozca más de cerca qué
es folklore y qué significa. ¡Qué bueno
sería para nuestra cultura!.
Desvirtuar al folklore diciendo que lo que se hace actualmente
es folklore, está reconociendo la incapacidad del
estudio de la historia y de nuestro pasado. Folklore viene
del pasado y es del pasado, para comprender el presente
y hacer mejor nuestro futuro, por eso, y como ya se
dijera, no se puede actualizar el folklore.
Esta reseña, bajo ningún punto de vista trata
de ser una lección académica. Simplemente
se trata, después del estudio de muchos autores especializados,
tanto de esta ciencia como de la Historia Argentina -en
general- de que comprendamos que no debiera confundirse
-como se dijera anteriormente en reiteradas oportunidades-
la música popular de raíces folklóricas
(definición que nos gusta) con folklore. Sería
muy bueno que los medios de comunicación, cuando
tengan la oportunidad de citar aspectos relacionados, lo
hagan lo más acertadamente posible, así se
cumple una de las premisas básicas que tienen, de
informar y formar correctamente al pueblo.
Hacer folklore no es volver al pasado sino, por el contrario,
traer el pasado histórico, costumbrista, que significa
rescatar los valores culturales del pueblo (tan declamado
en la actualidad y tan poco respetado culturalmente).
Por eso es que resulta incomprensible, cuando se escucha
decir: debemos mantener y rescatar los valores nacionales
y, seguidamente, se acepta que el folklore se modernice.
Sinceramente, no. Es una contradicción.
Y por último, una breve definición
de la palabra criollo, porque también
se ve bastante desnaturalizada. Su definición, escueta,
pero que implica un sinnúmero de análisis
sobre el estudio del folklore, sería: hijos de
europeos nacidos en América.
La Historia -la buena y
más acertada Historia narrada por buenos historiadores,
y no como se da mucho en la actualidad-, es parte indisoluble
para comprender nuestro folklore. Es más, el Folklore
forma parte de la Historia y degradar o distorsionar cualesquiera
de ellas o ambas, es negar y hacer desaparecer de la mente
de los pueblos sus verdaderos orígenes, consecuencias,
y por ende aceptar formas y costumbres que no sólo
son nefastas sino que colaboran para una involución
cultural de los pueblos.
Reflexionar y analizar sobre este tema; hacerlo bien, resultaría
una excelente forma de aumentar nuestra cultura.
Para ello, existe numerosa bibliografía al respecto,
no muy accesible por supuesto, pero existe.
© Rafael Tobías. 1998- Texto extractado.
Prohibida su reproducción sin autorización
expresa del autor.
El autor:
-Docente y Director de Estudios de Nivel postgrado
-Estudioso de la Historia Argentina.
-Profesor de Danzas Nativas (Escuela De Folklore de Córdoba
- Incorporada a la Escuela de Folklore Andres Chazarreta
- Santiago del Estero)
Alguna bibliografía
1. Alfredo Vitón 2ª Ed. Fausto Molina Campos
2. Vida, época y obra de Manuel Belgrano -
Ovidio Jiménez - Ed. Academia Argentina de la Historia
/ Ciudad Argentina - 1999
3. Manual de Danzas Nativas - P. Berruti - Ed. Escolar
- Buenos Aires
4. Facundo - Domingo Faustino Sarmiento
5. Vida del Chacho Peñalosa - Fermín
Chávez - Ed. Teoría
6. Martín Fierro - José Hernández
7. Prolífica obra de Carlos Vega
8. Prolífica obra de Rodolfo Asunçao